
Rios de tinta se han escrito sobre 4’33» de John Cage. Mucha más tinta que sonidos. Considerada como una burla por unos y como una genialidad por otros, en la partitura de esta pieza no hay nada más que los números romanos I, II y III para señalar el inicio de cada movimiento como si de una sonata se tratara.
El video siguiente es el de David Tudor. Es histórico y, añadiría, que una invitación para pensar y, quizás, sentir, ante estos 4’33».
El siguiente es igualmente histórico y muestra la actitud de músicos y público ante esta obra silenciosa
Les recomiendo la lectura de «William Fetterman: 4′ 33″, 0′ 00″ : Variaciones sobre una acción disciplinada», de donde extraigo esta parte:
«Probablemente el aspecto más significativo del pensamiento de Cage en la realización de la pieza silenciosa, no vino de la estética oriental o de la crítica social, sino de una intuición teórica acerca de la naturaleza práctica del sonido mismo. En su ensayo de 1949 «Forerunners of Modern Music», Cage escribe:
El sonido tiene cuatro características: altura, timbre, intensidad, y duración. El sonido tiene un opuesto y necesario coexistente, es el silencio. De las cuatro características del sonido, solamente la duración concierne a ambos sonido y silencio. Por lo tanto, una estructura basada en duraciones (rítmica: frase, intervalos de tiempo) es apropiada (se corresponde con la naturaleza del material), mientras que la estructura armónica no es apropiada (derivada de la altura, que en el silencio no existe). (Cage 1961, 63)
Él se resistió, sin embargo, a hacer efectiva la composición silenciosa hasta que vió las Pinturas Blancas de Robert Rauschenberg. Las Pinturas Blancas de Rauschenberg fueron públicamente expuestas primero en el acontecimiento sin título de Cage en el Black Mountain College en el verano de 1952 (Kotz 1990, 76); pero Irwin Kremen recuerda haberse encontrado con Cage y haberle ido a visitar a su estudio de New York a finales de 1951, y haber visto las Pinturas Blancas de Rauschenberg por entonces (Kremen 1992). Más tarde Cage se refirió al ejemplo de Rauschenberg a la hora de hacer efectiva su pieza silenciosa:
Estaba pensando en ella, pero sentía que no podía tomármelo seriamente, y de este modo me abstuve de hacerla… Pero cuando Bob hizo los lienzos vacíos, tomé fuerzas para seguir el camino, pasara lo que pasara. (Campana 1985, 103).
Además, en 1951, entró en una cámara anecoica (una habitación pensada para no tener eco o sonidos externos) en la Universidad de Harvard (Cage 1961, 13). Cage escribiría que él…
…escuché dos sonidos, uno grave y otro agudo. Cuando se los describí al ingeniero encargado, me informó de que el agudo era el funcionamiento de mi sistema nervioso, el grave era la circulación de mi sangre. Hasta que muera habrá sonidos. Y continuarán después de mi muerte. No hay que preocuparse por el futuro de la música. (Cage 1961, 8).
Esta experiencia muestra el hecho de que el silencio es solamente temporal y subjetivo, que no hay tal cosa como un silencio absoluto. Prosiguiendo la reflexión acerca de la composición silenciosa y de su experiencia en la cámara anecoica,….»