ACTO II
Sarastro y los sacerdotes se reúnen para aprobar la iniciación de Tamino y Papageno, que deberán superar unas pruebas.
Los sacerdotes les llevan aparte, y les dicen que no pueden hablar con nadie y les dejan solos.
Llegan las tres damas, que les advierten de la llegada de la Reina de la noche, y les afean que se hayan pasado al bando de Sarastro. Ellos callan y ellas se van sin sonsacarles nada.
Pamina se encuentra dormida en un jardín cuando llega Monostatos, y cuando éste está apunto de besarla llega la reina de la noche que se lo impide. Cuando la reina se entera de que Tamino está a favor de Sarastro aparece su aspecto más terrible, y clama venganza. Le entrega un puñal a Pamina para que mate a Sarastro si no quiere verse despreciada para siempre por ella. Monostatos, que lo ha oído todo, le propone un plan a Pamina pero Sarastro lo expulsa y consuela a una conmocionada Pamina.
Mientras tanto, Tamino y Papageno siguen con su prueba de silencio cuando aparece una anciana, que ofrece a Papageno un poco de agua, pero unos truenos hacen que ella se aleje inmediatamente, antes de que Papageno descubra quien es.
Los tres genios vienen para consolarlos, les traen comida y bebida y les devuelven la flauta y las campanillas, pero les dicen que sigan guardando silencio.
Mientras papageno come, Tamino toca la flauta, cuya música atrae de nuevo a Pamina, pero al no decirle nada, se siente rechazada y queda sumida en el dolor.
En el interior de la pirámide, los sacerdotes alaban a Isis y Osiris. Traen a Tamino y a Pamina, que declaran su intención de continuar adelante.
Papageno se ha quedado solo en la gruta de las pruebas y toca sus campanillas, entonces reaparece la anciana, que le pide que se case con ella. Papageno acepta para no quedarse soltero. Entonces la anciana se transforma en una bella muchacha: Papagena. Sin embargo, el sacerdote lo castiga, dejándolo sin ella, por haber hablado y no merecerla.
Pamina, por su parte, se cree despreciada por Tamino y está a punto de enloquecer y quitarse la vida con el puñal que ledió su madre, pero entran los tres genios y la detienen a la vez que la animan para que siga buscando a Tamino. Éste está a punto de pasar las pruebas del agua y del fuego. Los dos hombres armados permiten que Pamina le acompañe, y así, juntos logran superarlas y ser admitidos en el templo.
En un lugar cercano, Papageno está desolado ya que creee que ha perdido a Papagena, tanto que decide colgarse de un árbol, los tres genios impiden nuevamente la tragedia, y le dicen que haga sonar sus campanillas. Al hacerlo, Papagena regresa y ya están nuevamente juntos y felices.
La Reina de la noche y Monostatos se han unido para luchar contra los sacerdotes, pero son vencidos y arrojados a la noche eterna.
Con la luz radiante del sol, Sarastro, con Pamina y Tamino, proclama el triunfo de la luz y de la verdad, mientras todos desbordan felicidad.
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