La Novena sinfonía de Brucker es una obra incompleta y pone término a su serie de sinfonías. El Adagio fue su canto del cisne y ya no tuvo fuerzas para seguir. Después del «adios al mundo» de este Adagio parece el final más lógico, aunque no lo consideró así su autor, que para paliar la carencia recomendaba la ejecución del «Te Deum» para finalizar la Novena Sinfonía.
Filarmónica de Viena dirigida por Leonard Bernstein
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