VALS DEL ADIÓS DE FRÉDÉRIC CHOPIN – VALSES DE CHOPIN

Introducción
En Chopin todo suena diferente. No nos sirven todos los Nocturnos escritos por otros para calificar a los suyos, ni las polonesas, ni los preludios. Chopin toma la palabra y luego crea un universo musical totalmente distinto. Eso pasa también con sus valses. La palabra vals nos hace pensar en Viena y en los Strauss, pero los valses de Chopin nada tienen que ver con aquellos. Los de Chopin no invitan al baile, invitan al recuerdo, al ensimismamiento a la fugacidad del placer.
Esto lo podremos ver en el Vals del adiós que podremos escuchar interpretado por el gran pianista Arturo Benedetti Michelangeli.
Sin embargo, antes hablaremos un poco de manera general de los valses de Chopin.
Los valses de Chopin
Los valses de Frédéric Chopin son piezas de una duración de moderada a breve, compuestos en compás de 3/4, lo que es habitual en los valses. Sin embargo, como ya hemos dicho son notoriamente diferentes de los valses vieneses. Los valses de Chopin están pensados para ser interpretados al piano y no para bailar. Chopin los empezó a compk er a la edad de catorce años, en 1824, y siguió haciéndolo hasta el año de su muerte en 1849.
Algunos valses empiezan con una breve introducción y tras la misma empieza el verdadero vals. Al final, Chopin suele añadir una brillante coda, rompiendo así los modelos establecidos. Chopin cambia absolutamente la idea de vals que todos renemos en la cabeza
El Vals del adiós
Este vals tiene toda una historia detrás. El título es Vals Op.60 nº 1. Fue escrito en 1835 y está dedicado inicialmente a Charlotte de Rothschild, que fue alumna de Chopin. Este vals nunca fue publicado en vida del compositor.
Ahira vamos a contar la historia y el motivo por el cual se conoce este vals como el del adiós.
En 1835, Chopin estaba prometido a la joven Maria Wodzinski. En verano de ese año Chopin y la familia Wodzinski coincidieron en Dresde, Frédéric le dió a Maria la música de este vals, regalo que la joven agradeció entusiasmada, sin embargo las relaciones entre ambos terminaron al año siguiente. Se supone que debido a esto, y por ser el último obsequio que Chopin hizo a Maria, a este vals se le conoce como el del adiós.