Igor Stravinsky era un hombre que ahorraba en todo lo que podía y siempre que podía. No vamos a decir que fuera tacaño, porque es cierto que le tocó vivir en una época en la que no se podía derrochar.
Stravinsky, por ejemplo, si al recibir una carta veia que el sello no estaba timbrado por la oficina de correos, lo despegaba y lo reutilizaba.
Copiaba él mismo su música en vez de encargarle a otro que lo hiciera y tenerle que pagar. Se las ingeniaba para mandar los telegramas utilizando el menor número de palabras y dar la máxima información, sin embargo. Hablando de telegramas, cuando murió asesinado el presidente de los EE.UU John Fitzgerald Kennedy, mandó un telegrama de condolencia a su viuda, por la noche ya que las tarifas nocturnas eran más baratas.
En lo que no era ahorrador, ni tacaño ni nada parecido era a la hora de componer, era un gran trabajador y se esforzaba al máximo en la elaboración de sus obras. Así pues, no nos extraña que su música rebose genialidad, porque en eso fué un derrochador, ¡por suerte!
