Que nadie piense mal. Al decir brujas no nos estamos refiriendo a esas divas, caprichosas y exigentes que hacen enloquecer al personal. No, nos referimos a las óperas que cuentan entre sus personajes a esta clase de mujeres: con poderes ocultos, que hacen magia, que predicen el futuro. Mujeres sabias para algunos y malísimas para otros.
No hemos contabilizado en cuantas óperas hay brujas, las listas siempre suelen ser cansinas y cansadas.
Traemos algunos ejemplos de brujas. La mayoría de estos papeles los suelen interpretar, como mínimo, mezzosopranos, y en algunas producciones se han sustituido por barítonos incluso. Logicamente si la voz ha de acompañar un aspecto físico, que nunca suele ser muy agradable, no van a escoger a alguien con una voz angelical.
La primera bruja, es una bruja de cuento, es la bruja de «Hänsel y Gretel» de Engelbert Humperdink (1854 -1921). Ésta es la típica bruja que se quiere comer a los niños. La bruja es Maria Moll.
Nuestro segundo ejemplo son las brujas de la ópera «Dido & Eneas» de Henry Purcell (1659 – 1695). A estas les ha dado por querer fastidiar el naciente amor entre Dido y Eneas y provocar tempestades, que por lo visto es algo que les gusta mucho hacer. A destacar aquí el canto con efecto eco, muy propio del barroco y aquí justificado ya que se supone que se hallan en una caverna.
Y finalmente traemos a Ulrica, la mujer adivina con poderes ultraterrenos de «Un ballo in maschera» de Giuseppe Verdi (1813 -1901). Sus predicciones tampoco son muy halagüeñas.Ulrica es Florence Quivar.
Si alguien se ha quedado con más ganas de ver artes de brujería, recomendamos ver el post dedicado a la ópera «Macbeth» de Verdi, donde hay un grupo bien nutrido.
