Sinfonía nº 4 de Mahler

SINFONÍA Nº 4 DE MAHLER

 

Sinfonía nº 4 de Mahler

 

Introducción

Poco a poco vamos reponiendo y recuperando las nueve sinfonías de Gustav Mahler, ya que por caprichos de la tecnología o vaya a saber usted de quien, desaparecen sin más. Hoy vamos a hablar de la Sinfonía nº 4 de Mahler, que es la última de las tres sinfonías Wunderhorn.

La vamos a ver interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Leonard Bernstein y con la soprano Edith Mathis.

La cuarta sinfonía de Mahler es bellísima y es también una de las más populares, y la más corta de todas las del compositor.

 

Sinfonía nº 4 de Mahler

La Sinfonía n.º 4 de Mahler fue compuesta entre julio de 1899 y agosto de 1900, y estrenada en Múnich en noviembre de 1901.
Su composición llevó bastante tiempo: el cuarto movimiento Das himmlische Leben (La Vida Celestial) se retoma del quinto lied del Des Knaben Wunderhorn escrito en 1892. Este movimiento debía formar parte, en un principio, de la Tercera sinfonía. Mahler decidió, entonces, hacer de este el final de su cuarta sinfonía y concibió los tres primeros movimientos en función del que ya tenía. Su composición comenzó durante las vacaciones del verano de 1899, tomadas tras dos años de trabajo continuo como director de la ópera de Viena, lo que le había impedido componer hasta entonces. Reemprendió la composición en el verano de 1900, concluyendo la partitura en tres semanas.

Movimientos

  1. Bedächtig, nicht eilen (Prudente, sin acelerar)
  2. In gemächlicher Bewegung, ohne Hast (Cómodamente impulsivo, sin prisa.)
  3. Ruhevoll, poco adagio (Tranquilo, poco adagio)
  4. Sehr behaglich (Muy cómodo)

Destacaremos el cuarto movimiento. El cuarto movimiento, en cuatro estrofas y una coda, pone música al texto del poema «Der Himmel hangs voll Geigen» («La vida celestial») de Des Knaben Wunderhorn, que Mahler había alterado ligeramente. El movimiento se abre con un preludio orquestal con el tema de la melodía de aspecto infantilmente ingenuo, mientras Mahler interpreta el texto como una visión aparentemente ingenua del paraíso. El motivo de apertura del primer movimiento se cita entre las estrofas. Sin embargo, aparece en una forma tormentosa y conmovedora, que es lo opuesto a los finales estróficos sagrados. En la segunda estrofa, Mahler también incorpora este estilo dramático de empuje hacia adelante en el acompañamiento orquestal. Entre la tercera y la cuarta estrofa sigue un interludio pastoral más largo. La última estrofa se debe recitar entonces «muy tierna y misteriosamente hasta el final». La resurrección temática de los muertos se presenta como un misterio y parece misteriosa en lugar de poderosa. El final crepuscular y sofocante desvanece la visión del paraíso. Las últimas palabras de la cuarta estrofa («No hay música en la tierra») se repiten antes de que la música se apague.