Rigoletto manda a su hija a Verona. Y ella hace ver que se va, pero vuelve.
Maddalena quiere que el Duque se vaya para salvarlo, pero él decide quedarse.
Maddalena ruega a Sparafucile que no mate al Duque sino a Rigoletto. Sparafucile se ofende, porque él es un profesional y ha de cumplir con lo pactado, como mucho accede a matar a uno que pase por el hostal, en vez de dar muerte al Duque.
Gilda ha oído el pacto que han hecho los dos hermanos y decide salvar al hombre que ama. Haciéndose pasar por un mendigo llama a la puerta del hostal. Sparafucile la mata y la mete en un saco.
A medianoche, Rigoletto llega a pagar su deuda y recoge el saco con el cuerpo. Cuando cree tener en sus manos el cadáver del Duque, oye como éste canta su canción, al abrir el saco ve con horror que quien está allí es su propia hija a la que ve agonizar. Rigoletto cree que todo es fruto de una maldición.
«V’ho ingannato, colpevole fui»
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