Hace unos días Cuestión de Sensibilidad dedicó una entrada a Franz Schreker(1878 – 1934) a la que me remito para entender la figura de este compositor austriaco, que está entre el romanticismo tardío y el expresionismo, habiendo permanecido casi en el olvido durante el siglo XX, entre otras cosas porque fue «saboteado» por el nazismo dado que era judio.
Con suerte, el XXI parece haberlo rescatado. Como prueba, se incluyen en esta entrada unos videos de la ópera Die Gezeichneten (Los Estigmatizados o Los Marcados) de la versión filmada en el Festival de Salzburgo de 2005, con Kent Nagano a la batuta y Nikolaus Lehnhoff en la dirección artística, que precisamente la recomienda Cuestión de Sensibilidad en su entrada, señalando sobre esta ópera lo siguiente:
«3 Actos (1911; 1913-1915) Estrenada en Frankfurt en 1918, representa su clímax de magnificencia orquestal. Una lujosa mezcla de Debussy, Dukas, Strauss y una pizca de Puccini, guarda cierta similitud con su contemporánea Die Tote Stadt de Korngold y con la luminosidad de Die Frau Onhe Shatten straussiana. Sobre un libreto escrito originalmente para Zemlinsky, derrama una instrumentación tremendamente voluptuosa y adornada, unas armonías suaves y lánguidas y un erotismo tórrido a flor de pentagrama. Puede considerarse la más “asequible” de sus óperas por su fuerte carga melódica . Y se la podría definir acertadamente como la versión musical de la pintura de Gustav Klimt.»
Die Gezeichneten es una obra compleja. Los músicos exigieron una remuneración suplementaria durante cada representación pues requería una orquesta de 120 músicos, tal como lo señala Ignacio Villalba de la Corte en un artículo que lleva por título «Opera en el siglo XX – Música Degenerada» en donde añade sobre esta obra:Los propios estudiantes de Schrecker recuerdan haber permanecidos sobre la partitura para descifrar aquellas enigmáticas sonoridades– las luminiscencias incandescentes en los compases de la partitura, entre re mayor y si bemol menor- producidas por las cuerdas bajo las marcas coloridas de los pianos, arpas y celestas, o la magia mercurial de la orquestación que ilumina los encantos de la isla del Elíseo al comienzo del tercer acto. Había en la obra colores instrumentales insospechados de una audacia magistral que hacía palidecer a los más brillantes impresionistas. Se trataba de una obra donde los temas sombríos y desconcertantes son capaces de provocar una ola de escándalos…, y que, según Zilling chocaba los buenos burgueses de Würzbug al punto de que el solo hecho de asistir a una representación ‘equivalía a un crimen sexual’ tocándoles un punto sensible. Sin embargo, desde que esta obra monstruosa hizo su aparición todo mundo asistió, convirtiéndose en ‘un éxito triunfal a través de toda Alemania, como ninguna ópera lo había hecho en toda una generación’.
A pesar de toda la brillantez y la riqueza de colores de esta ópera, basada en un drama del Renacimiento italiano, se trata de una obra negra y torturada perfectamente de acuerdo con los últimos meses de la guerra. Die Gezeichneten se inscribe al lado de las obras de Schoenberg, de Mahler, de Strauss (Elektra y Salomé), al lado del Daphnis de Ravel, del Pelléas de Debussy, de la Ariane y Barba-Azul de Dukas, y también del Rito de Srawinsky y los Ballets de Bartók –obras que no retroceden ante los enigmas comprometiéndose sin duda con los misterios sublimes o terribles de la condición humana. Obras que fueron también instrumento exuberante en la experimentación de nuevas posibilidades musicales.
La puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff es impresionante. En la imagen se puede observar esa gran estatua que llena el escenario que se puede contemplar en la fotografía y los vídeos.
Anne Schwanewilms, Robert Brubaker, Robert Hale, Michael Volle, Wolfgang Schone, Mel Ulrich
Deutsches Symphonie-Orchester Berlin
Kent Nagano, director
Nikolaus Lehnhoff, director de escena
Salzburg Opera (2005)
Franz Schreker: Die Gezeichneten – Act I prelude
Franz Schreker: Die Gezeichneten – Act I
Schreker: Die Gezeichneten – Act III: «Ah, welche Nacht!»