El texto de 11122008a correspondiente al video de youtube que se incorpora a este post para explicar tal acontecimiento es más que expresivo del mismo, más aun si se lee tras presenciar el video. Dice así:
«El barítono Leo Nucci hace historia al cantar por primera vez un bis en el Teatro Real de Madrid23-06-2009 El barítono italiano Leo Nucci interpretó anoche en el Teatro Real por 433 vez en su carrera Rigoletto y ha hecho historia al convertirse en el primero que ha cantado un bis en una ópera representada en el coliseo madrileño. Lo ha hecho con el estremecedor dueto «Si, vendetta», junto a Patrizia Ciofi, después de una ovación unánime de la que ha participado incluso el coro presente en el teatro. »
Teatro Real de Madrid, lunes 22 junio 2009.
Leo Nucci, Patrizia Ciofi, Celso Albelo, Nino Surgulazde, Marco Spotti
En este otro artículo de elmundo.es titulado El delirio de ‘Rigoletto’ también hace eco del bis cuyo texto reproduzco:
«Los melómanos se agrupaban en corrillos al final de la ópera. Discutían si era la primera vez en la historia del Teatro Real que se producía un ‘bis’. Leo Nucci, mayúsculo Rigoletto, fue el artífice del acontecimiento a la vera de Patrizia Ciofi. Pidieron ambos permiso al maestro Roberto Abbado, incapaz de resistirse al jaleo de la sala -«bis, bis, bis»- porque la inercia y el calentón de la ópera justificaban la excepción.
Era el desenlace del segundo acto: «Si, vendetta, tremenda vendetta», cantaba a dúo la pareja. Ciofi se desenvolvía con agilidad y refinamiento. Nucci, declamatorio a costa de la línea de canto, se reservaba para el sobreagudo del final: un ‘la’ natural que no está escrito en la partitura y que el barítono colocó con valentía en la cúpula del teatro.
Es verdad que la historia del Real es aún joven, 12 años, pero la velada de anoche emulaba el acabose de otras épocas. Mérito de la carnosidad verdiana de Nucci y de la sugestión que había originado su presencia en el reparto de ‘Rigoletto’.
Únicamente se avino a cantar una función, de ahí que los espectadores provistos de entrada tuvieran motivos para sentirse privilegiados y razones para tratarlo con devoción. Disculparon a Nucci sus trampas y sus resabios. Elogiaron su credibilidad, su afinidad verdiana, su competencia en el misterio del claroscuro.
El barítono italiano representa una época del canto y llama la atención por la personalidad escénica. Incluso conserva unas facultades vocales y musicales que relativizan y convierten en inverosímil la referencia de los 67 años cumplidos.
No es habitual que un barítono destrone a la prima donna y al tenor. Leo Nucci lo hizo. Hasta el extremo de que los espectadores se pusieron de pie en cuanto le correspondió saludar al final de la velada. Retumbaba el Real. Nadie tenía prisa por abandonar el asiento. Era la prueba de la comunión y de la euforia. Justificadas ambas por motivos tan poco tangibles como la magia, o la energía, o el riesgo, o la incertidumbre.
De hecho, los protagonistas del reparto apenas habían tenido tiempo de ‘conocerse’ en un ensayo. Nucci hacía bascular la ópera en torno así, como si fuera el director de orquesta, de modo que Patrizia Ciofi y Celso Albelo se dejaban llevar y participaban del acontecimiento sin red ni precauciones. Exponían ambos. Se jugaban el físico.
La prueba está en que el exquisito tenor canario, por ejemplo, acometió un ‘re’ natural en el desenlace de la cabaletta. Fue un recurso valiente, descarado, aunque el verdadero interés de sus prestaciones estriba en la línea de canto, en el fraseo, en la pulcritud.
Le esperan muchos ‘duques’ por delante, del mismo modo que a Nucci se le van agotando los ‘rigolettos’. Es una de las razones que justificaban el triunfo y el triunfalismo de anoche. El día en que Leo Nucci retire el personaje y lo despoje de la joroba y de la angustia, ‘Rigoletto’, el de Verdi, habrá muerto un poco.»
Ver también las siguientes entradas:
Más vale tarde que nunca: Rigoletto en el Real de La Verbena
El Bis de Nucci en el Teatro Real de Zerlinetta
Bis, tremendo bis, el de Leo Nucci en el Real de Ópera, siempre
