Manrico siente nacer la duda de si realmente es hijo de Azucena, después de haber oído cómo ésta le contó que quemó a su hijo. Ella se reafirma diciendo que es su madre, que lo ha criado y que lo ha salvado de la muerte en el campo de batalla. Manrico, sin embargo recuerda que en el duelo con el conde de Luna, no pudo matarle porque algo en su interior se lo impidió. Azucena le conmina a hacerlo cuando tenga la ocasión.
Acto II escena II «Il Trovatore»
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Il Trovatore (G. Verdi) – Highlights
