Los principales personajes de Las bodas de Figaro de Mozart

LOS PRINCIPALES PERSONAJES DE LAS BODAS DE FIGARO DE MOZART

 

Personajes de Las bodas de Figaro

 

Podríamos empezar diciendo que los principales personajes de Las bodas de Figaro son todos. Es así porque es una ópera tan redonda, tan perfecta que no sobra nadie. Incluso aquellos que parecen secundarios, cobran papel de protagonistas en algún momento. Esta ópera es una muestra perfecta del equilibrio propio del clasicismo. Pero nos vamos a centrar en cinco de ellos.

 

La ópera Las bodas de Figaro

Esta ópera es como la vida: hay momentos serios y otros cómicos. Basada en la comedia de Beaumarchais, Les noces de Figaro (1784), tiene un extraordinario libreto de Lorenzo da Ponte. Se estrenó en Viena en 1786. La obra de Beaumarchais es una sátira socio-política brillante y mordaz. Por ello tuvo sus problemas con la censura. Sin embargo, Da Ponte y Mozart olvidaron un tanto ese cariz revolucionario y se centraron en los asuntos humanos y privados de los personajes de Las bodas de Figaro. La crítica social está presente, aunque de forma velada y sutil.

 

Cinco personajes de Las bodas de Figaro

Figaro

Es quien da título a la ópera. El criado del Conde de Almaviva va a casarse con Susanna, la criada de la Condesa. Al inicio de la ópera, Figaro prepara la que será la habitación que compartirá con Susanna. Es ella, la que hará ver al inocente joven, que esa habitación está demasiado cerca de la del Conde. Figaro cree que se debe al hecho de buscar una mayor proximidad entre su señor y él. Susanna le hará ver que tal vez el Conde quiere estar más cerca de ella que del propio Figaro. En ese momento Figaro ya no ve tan claras las intenciones de su señor. A partir de ahí, Figaro con Susanna y otros personajes, empezarán a vivir una serie de enredos ligados todos con la moralidad un tanto distraida del Conde.

En el acto IV, Figaro cree que Susanna lo engaña con el Conde. Lo manifiesta agriamente en el aria Aprite un po’ quegli’occhi. Un aria que deja a las mujeres como seres pérfidas sin piedad hacia los maridos. El final con unos cornos, es una muestra de como Mozart hace hablar a la orquesta. Con unas simples notas de ese instrumento, sabemos que Figaro puede ser vícitma de un engaño por parte de su mujer. Luego se verá que no es así.

Bryn Terfel es Figaro.

 

 

 

Susanna

Ella es la criada de la Condesa de Almaviva. Prometida de Figaro y deseada por el Conde. Muchacha avispada y fiel, tanto a su prometido como a su señora. Susanna conoce la maldad de los hombres y está siempre en guardia. Se presta a simular un flirteo, dentro de lo razonable, con el Conde, pero ama verdaderamente a Figaro. Sin embargo, en el acto III, en un duetto con el Conde, éste manifiesta estar verdaderamente enamorado de ella, y esto pone a prueba la fidelidad de la joven. No llegará a más, porque Susanna, pieza clave en la conspiración contra el señor de la casa, recuperará su compostura.

Este es uno de los personajes de Las bodas de Figaro que está presente en toda la acción, sin embargo solo tiene un aria en el acto IV. Se trata del aria Deh, vieni non tardar. Oigámosla en la voz de Lisette Oropesa.

 

 

El Conde de Almaviva

El Conde ama a su esposa, como veremos al final, pero es un veleta de mucho cuidado. Susanna logra sacarle de sus casillas al resistirse a sus intentos por seducirla. Este personaje, un don Juan placiego, ha tenido a las mujeres que ha querido, pero con Susanna se encuentra, tal vez por primera vez en su vida, con alguien que se le resiste. Esto espolea su orgullo viril y se siente herido en su vanidad masculina. Entre todos los personajes de Las bodas de Figaro, el Conde es quien ostenta un mayor poder social, y es al que todo le acaba saliendo mal. En su aria del acto III, Hai già vinta la causa…Vedrò mentr’io sospiro, manifiesta su coraje ante tantas contrariedades con estas palabras:

¿Veré, mientras yo suspiro,
feliz a un siervo mío?
Y un bien que en vano deseo,
¿él deberá poseer?
¿Veré por mano del amor
unida a un vil sujeto
a quién en mí suscito un afecto
y que por mí no lo siente?

Rodney Gilfry es el Conde de Almaviva.

 

 

La Condesa de Almaviva

De entre todos los personajes de Las Bodas de Figaro, el de la Condesa de Almaviva es el único serio en esta ópera bufa. Siente un dolor tremendo por el abandono de su esposo y sufre, sin motivo, a causa del caracter celoso y dominante de áquel. La Condesa es una mujer sensible. Cuando el paje Cherubino le canta una canción dedicada a ella, se emociona e incluso se turba un poco ante el afecto del joven. Ella está recluida en sus habitaciones lo mismo que en su pena. Las dos arias que tiene en la ópera, son lamentos por el amor perdido. Sin embargo como estamos en la época del clasicismo, su manifestación de dolor es contenida. Si esto mismo estuviera en una ópera romántica y ya no digamos verista, el dolor se mostraría de un modo mucho más desgarrador.

Oigamos a Montserrat Caballé en Dove sono i bei momenti. Una maravilla.

 

 

Cherubino

El entrañable y enamoradizo paje es uno de los personajes de Las bodas de Figaro que despierta más simpatías. Es joven y atolondrado. Sus escarceos amorosos no suponen un gran peligro para nadie. Sin embargo, el Conde, harto de su presencia, decide enrolarlo en el ejército. Naturalmente, Cherubino se las apañará para no marchar. Cherubino hace saltar las chispas en la ópera. Excepto a Marcelina, las ama a todas. Pero su gran amor es la Condesa. Cherubino encarna el amor apasionado y juvenil. Exaltado pero sincero. Este personaje de Las bodas de Figaro está escrito para una mezzosoprano.

Veamos a Marianne Crebassa en Voi che sapete.

 

 

El resto de los personajes de Las bodas de Figaro

Como hemos dicho, no hay ninguno de los personajes de Las bodas de Figaro que sea prescindible. Así que los vamos a recordar a todos. Marcellina es la criada del doctor Bartolo, ahora su amante y madre de Figaro. El doctor Bartolo, antiguo tutor de la Condesa y que aquí se descubre que es el padre de Figaro. Don Basilio, maestro de música. Barbarina, hija del jardinero, enamorada de Cherubino. Tiene una pequeña arieta en el acto IV. Antonio, el jardinero que alimentará las sospechas del Conde contra Cherubino, al decir que cree que ha saltado desde la ventana de la Condesa (como así ha sido en realidad). Don Curzio, el notario, personaje para tenor.

 

Entre todos hacen de Las bodas de Figaro una ópera imprescindible. Entre ellos y Mozart, claro.