Una de las piezas cortas más admiradas de Charles Ives es «La Pregunta sin Respuesta» sobre la que extraigo algunas citas que la describen y comentan de forma exquisita.
Comienzo con la cita del propio compositor al describir esta obra como un «paisaje cósmico» en el que las cuerdas representan «el Silencio de los Druidas — que no Saben, no Ven, ni Oyen Nada.» La trompeta entonces lanza «La Perenne Pregunta de la Existencia» y los vientos buscan «La Respuesta Invisible» pero la abandonan frustrados, de modo que al final sólo es contestada por el «Silencio».
Otra excelente explicación de «La Pregunta sin Respuesta» es la que realiza Leonard Bernstein:
Ives asigna la «pregunta» a un solo de trompeta que la entona seis veces por separado. Y cada vez que la da, llega una respuesta o una tentativa de respuesta, por parte de un grupo de maderas. La primera respuesta es muy indefinida y lenta; la segunda un poco más rápida, la tercera aún más rápida, y para el momento en que se da la sexta es tan rápida, que parece un salvaje farfullar. Las maderas – que se dice que representan nuestras respuestas humanas – crecen en intensidad, cada vez más impacientes y desesperadas, hasta perder todo su significado. Y durante todo este tiempo, desde el mismo inicio ciertamente, las cuerdas han estado tocando su propia música por separado, infinitamente suave, lenta y sostenida, sin jamás cambiar, sin nunca intensificarse para ser más fuerte o más rápida, sin nunca verse afectada de ningún modo por esa extraña pregunta ni por el diálogo entre la trompeta y las maderas. (Bernstein 1967)
Posteriormente añade:
…. «las cuerdas van tocando triadas tonales opuestas a la frase atonal de la trompeta. Al final, cuando la trompeta pregunta por última vez, las cuerdas “[se] prolongan calladamente en una triada pura de Sol mayor hasta la eternidad” (Bernstein 1976, 269).
Jan Swafford dijo al respecto:
El ‘paisaje cósmico’ de The Unanswered Question, una trompeta que repetidamente realiza ‘la eterna pregunta de la existencia’ contra un constante fondo de las cuerdas, finalmente es respondido por un elocuente silencio. En esta obra de 1906, Ives se adelantó la mitad de un siglo, en la escritura de planos de estilos contrastantes al modo de un collage. En 1951, la Polymusic Chamber Orchestra, dirigida por Will Lorin, grabó por primera vez la obra. (Swafford 1998)
Henry y Sidney Cowell, por su parte:
El Silencio es representado por sonidos concordantes suaves, de lento movimiento y ampliamente espaciados en las cuerdas; se mueven a lo largo de toda la obra con una placidez ininterrumpida. Después de haber avanzado lo suficiente para establecer su modo, los ruidosos instrumentos de viento cortan la textura con una melodía estridente y disonante que termina con la inflexión anterior de la Pregunta. (Cowell 1955, 177)
Y Linda Mack:
Una de las obras más interpretadas de Ives, The Unanswered Question (1908, rev. 1930-1935), es un estudio sobre contrastes. Las cuerdas entonan acordes lentos, diatónicos y triádicos; un solo de trompeta hace la pregunta siete veces; las flautas intentan contestar la pregunta, haciéndose cada vez más y más agitadas y atonales. Fiel al pragmatismo de su época de pianista de orquesta de teatro, el compositor deja una considerable libertad para la orquestación de esta obra. Uno de los grupos es un número sin especificar de cuerdas, otro grupo es un cuarteto de flautas (pero un clarinete y/o un oboe pueden sustituir alguna de las flautas), y la parte de la trompeta la podría hacer también un corno inglés, un oboe, o un clarinete. En la «Nota a los intérpretes», [Ives] indica que los grupos deben trabajar independientemente.
Fuente: Wikipedia
El video siguiente es a cargo de la Filarmonica della Scala de Milan dirigida por Gustavo Dudamel en el Teatro della Scala, Milan, 11 de Junio de 2006
Ives: The Unanswered Question (Dudamel, La Scala)
Ver también:
Charles Ives: Tres piezas en cuartos de tono para piano (Hermanos Paratore)