Con el Teatro alla Scala vacío de público se celebró un concierto en memoria del maestro Claudio Abbado. No había público, sólo música. La música había sido el eje de la vida de Abbado, y en esa desnudez se le rindió homenaje. Era como si el único espectador de ese concierto fuera el mismo Claudio Abbado.
Pero el maestro no estaba solo. Las calles de alrededor del teatro milanés estaban abarrotadas de un público que permaneció de pie, en silencioso respeto al gran músico que será siempre Claudio Abbado.
Daniel Barenboim dirigió la orquesta, interpretando la Marcha Fúnebre de la tercera Sinfonía Heroica de Ludwig van Beethoven.
Emociona la música, y emociona también ver una manifestación de respeto y cariño por un músico como la que se vió en Milán.
