SERENATA GRAN PARTITA DE MOZART K.361 – FURTWÄNGLER, OFV

Introducción
Si alguien recuerda la película Amadeus y tiene buena memoria musical, tal vez identifique la obra de hoy con la escena en la que Antonio Salieri encuentra a Mozart por primera vez. Siempre según la película, Salieri tenía Mozart por un grosero, hasta que ve la partitura del tercer movimiento de la Serenata Gran Partita. La sensación que tuvo le llevó a decir:«Esta no era la composición de un mono de feria. Era música que nunca había oído antes. Llena de tanta nostalgia, tan frustrante nostalgia. Me parecía que estaba escuchando la voz de Dios.»
Pues esto es lo que vamos a escuchar: la Serenata Gran Partita de Mozart K.361, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Wilhelm Furtwängler.
Serenata Gran Partita de Mozart
La Serenata nº 10 para vientos en si bemol mayor, K. 361/370a, conocida como «Gran Partita», es una serenata de Wolfgang Amadeus Mozart, compuesta probablemente en 1781 o 1782.
La composición está escrita para dos oboes, dos clarinetes, dos corni di bassetto, dos fagotes, cuatro trompas y contrabajo (remplazado en ocasiones por un contrafagot).
Las serenatas y divertimentos para instrumentos de viento de Mozart son consideradas, en ocasiones, como obras menores. Nada más alejado de la verdad. El aspecto desenfadado de algunas de ellas esconde considerables refinamientos y admirables sutilezas. Son, en suma, una de las vías más accesibes a la profunda sabidurái del genio de Salzburgo.
Movimientos
Consta de siete movimientos:
I. Largo. Molto Allegro.
II. Menuetto.
III. Adagio
IV. Menuetto. Allegretto.
V. Romanze. Adagio.
VI. Tema con variazioni.
VII. Finale. Molto Allegro.
La grabación que vamos a escuchar está fechada en el año 1947. Recordemos que Wilhelm Furtwängler, fallecido en 1954, fue uno de los directores de orquesta alemanes más reconocido del siglo XX.
Fue exponente de una manera subjetiva e hiperexpresiva de entender la interpretación orquestal, y uno de los que mejor supo expresar la grandeza épica y la emoción interiorizada de las grandes páginas del repertorio romántico y tardorromántico germano, de los que fue un maestro indiscutible. Muchos críticos y comentaristas lo consideran entre los más grandes directores de la historia.
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