Nocturno de Schoenberg, la delicadeza en estado puro

NOCTURNO DE SCHOENBERG, LA DELICADEZA EN ESTADO PURO

 

 

Introducción

Arnold Schoenberg (1874-1951) es uno de los compositores más importantes del siglo XX. También fue uno de los que ejerció su profesión con más libertad. Empezó con obras que se pueden enmarcar en un romanticismo tardío para evolucionar hacia la atonalidad. Lo cierto es que son sus obras de esta corriente las que más recordamos de Schoenberg. Hoy vamos a dar marcha a trás en el tiempo y vams a escuchar una obra breve en un estilo completamente diferente del Schoenberg que más conocemos. una obra de juventud, llena de lirismo. Como decimos en el título es la delicadeza en estado puro. Estamos hablando del Nocturno para violín, cuerdas y arpa, lo que llamaremos el Nocturno de Schoenberg.

 

Nocturno de Schoenberg

Los nocturnos son vistos generalmente como piezas tranquilas, expresivas y líricas, y ciertas veces un tanto oscuras. Dichas piezas suelen constar de un solo movimiento y normalmente su duración es breve. Todo esto lo cumple a la perfección este Nocturno de Schoenberg escrito para violín, una perqueña orquesta de cuerdas y arpa.

Como hemos dicho, es una obra de juventud. Schoenberg la escribió a los 22 años, en 1896. Nos gusta traer esta pieza precisamente por apartarse absolutamente de aquello que todos tenemos en mente de este compositor. Podríamos decir que Schoenberg estuvo toda su vida dándole vueltas a la tonalidad y a su contrario. En ambos campos fue un maestro.

En este Nocturno todo es suave y tranquilo. El suave movimiento de la melodía se ve acentuado por el arpa, que toca brillantes arpegios. El solista se mueve hacia el rango superior del instrumento, lo que agrega brillo a la música, además de toar profundamente la sensibilidad del oyente. La última nota tocada por el solista es la más alta de la pieza, y está acompañada por arpegios de arpa chispeantes y delicadas cuerdas.

Este Nocturno de Schoenberg lo vamos a ver interpretado por la Orchestre Royal de Chambre de Wallonie dirigida por Jean-Pierre Wallez,  y con Jean-François Chamberlan al violín.